CASO ARON RALSTON
Nos remontamos en el año 2003, cuando el montañista norteamericano, Aron Ralston, salió a caminar solo, con equipaje completamente adecuado, por el Blue John Canyon. Cuando de pronto, una piedra cayó en el cañón haciéndole resbalar, lo que produjo que se cayera en el cañón, dejándole atrapado su antebrazo contra la pared. Fue aquí cuando empezó la pesadilla.
La roca que le aplastó el brazo contra la pared pesaba 360 kilos, por tanto, era imposible que intentara moverla. Intentó tallar la piedra, pero resultó ser un fracaso. Del peso de la roca, las venas, los nervios y las arterias quedaron bloqueadas, lo que produjo un proceso de necrosis.
Durante 5 largos días, Ralston intentó liberarse, pero al ver que era imposible, tuvo que realizar lo impensable. Cogió un cuchillo de su navaja suiza, y empezó a cortarse el brazo, con el objetivo de amputárselo, y así poder liberarse.
Nos remontamos en el año 2003, cuando el montañista norteamericano, Aron Ralston, salió a caminar solo, con equipaje completamente adecuado, por el Blue John Canyon. Cuando de pronto, una piedra cayó en el cañón haciéndole resbalar, lo que produjo que se cayera en el cañón, dejándole atrapado su antebrazo contra la pared. Fue aquí cuando empezó la pesadilla.
La roca que le aplastó el brazo contra la pared pesaba 360 kilos, por tanto, era imposible que intentara moverla. Intentó tallar la piedra, pero resultó ser un fracaso. Del peso de la roca, las venas, los nervios y las arterias quedaron bloqueadas, lo que produjo un proceso de necrosis.
Durante 5 largos días, Ralston intentó liberarse, pero al ver que era imposible, tuvo que realizar lo impensable. Cogió un cuchillo de su navaja suiza, y empezó a cortarse el brazo, con el objetivo de amputárselo, y así poder liberarse.
“Me dí cuenta muy pronto de que tendría que cortar mi brazo para liberarme pero también había una resistencia: no quería hacerlo”, dice. “Pero para el segundo día ya estaba planeando cómo lo haría, y en la película ves esa progresión: tratar de cortar el brazo como con una sierra, encontrar el torniquete, después darme cuenta de que el cuchillo estaba muy desafilado como para atravesar el hueso. Esa desesperación fue seguida por un tipo de paz, darme cuenta de que iba a morir ahí y de que no había nada que pudiera hacer. Ya no dependía de mí. Todo lo que podía hacer era resistir hasta el final”.
Tras 127 horas dentro del cañón, sin agua y tuviendo alucinaciones, Ralston sufrió una epifanía. “Sentí mi hueso doblarse y me di cuenta de que podía usar la roca para romperlo. Fue como si salieran fuegos artificiales: iba a salir de ahi”.
Finalmente, Ralston logró usar su peso corporal de manera violenta para doblar su brazo hasta que la roca cortó su brazo. Entonces utilizó una parte de su equipo de hidratación como torniquete y empezó a cortar el cartílago restante, la piel y tendones con su navaja suiza.
Gracias a su valentía logró liberarse, saliendo del cañón y fue encontrado por un grupo de excursionistas extranjeros.
Hoy en día, podemos encontrar a Aron realizando charlas motivacionales y siguiendo practicando deportes extremos.


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